deshilachemos estos pensamientos de sinuosa tela: empresas que prometen un único futuro, recibimos entretenidas ruinas; gobiernos que hablan de estabilidad mientras improvisan sobre los miles de millones de vidas, ellos lucen traje y corbata, ellos permanecen, así, sí o sí. Cambian los nombres, los logos, las crisis; el uniforme, no. Lo veo en ruedas de prensa, juntas directivas, comunicados urgentes y disculpas ensayadas. Siempre bien planchado. Siempre a tiempo. 
Como si la tela pudiera sostener lo que ya no se sostiene.
Hay algo profundamente extraño en esa persistencia. El traje no responde al caos: lo tapa, como una alfombra que cuelga, tapa el polvo del corazón. Funciona como una superficie limpia sobre un fondo cada vez más inestable. Bajo él caben decisiones erráticas, fracasos, estructuras con fisuras, infraestructuras violentas. La corbata aprieta el relato, también ordena el relato. Da forma a la idea de que alguien está al mando, un agente, incluso cuando nadie parece saber qué está pasando.
Pintar estos trajes hoy no es un gesto nostálgico ni un comentario de moda. Es mirar de frente una contradicción: un mundo que se declara flexible, innovador, disruptivo, pero que sigue confiando en el mismo disfraz para administrar el desastre. El traje aparece entonces como una reliquia funcional, una tecnología antigua que aún produce efectos. No porque sea verdadera, 
sino porque es legítima.
Insistir torpemente con la pintura. No acelera, no explica, no soluciona. Repite. Se queda demasiado tiempo mirando lo mismo. Vuelve a pintar el traje cuando ya entendimos de qué va, solo para comprobar que seguimos creyéndole. En ese gesto lento, casi obstinado, el traje empieza en mi cabeza a fallar; es flexible pero se romperá, si no suelta lo rígido.
Tal vez por eso incomoda: porque revela que, en medio del colapso corporativo y político, seguimos confiando en una imagen que promete orden, el traje es la garantía. Pintar el traje es dejarlo solo con su forma, sin discurso, sin excusas. Y preguntarse, con algo de humor y algo de cansancio, cuánto más puede sostener antes de que el nudo deje de apretar y empiece a ahogar.
La corbata me la quité hace rato, gracias a la pintura. Esto es virófagos contra viruses.
unión
unión
empezó
empezó
sueños
sueños
fuego
fuego
próximo
próximo
nudo
nudo
amargo
amargo
aporía
aporía
peso
peso
bendito
bendito
cayendo
cayendo
paralizados
paralizados
mafia
mafia

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